El ingenio colectivo o la maldición de la cotorra, 2010

Ficha técnica:

  • instalación de lugar específico
  • impresiones serigráficas sobre textiles cosidos, bordados, remendados y rellenados
  • sonido
  • telones, alfileres,
  • zapatos y ropa intervenida, pintura, retazos de textiles, relleno de almohadones y gomaespuma

Metafóricamente la instalación desenmaraña el presente colectivo en nuestra isla de Puerto Rico. La pieza ha sido producida al mismo tiempo en el que se desarrolla la Huelga de los Estudiantes de la Universidad de Puerto Rico durante el 2010. La pieza es producto de reflexiones en las que se desprende el efecto de la lucha colectiva, los triunfos y desaciertos. Una huelga a la que se unieron  números y diversos grupos sociales en respaldo a los estudiantes, pero en donde de igual forma, se manifestó el desgano, la falta de reflexión, inacción y apatía de los ciudadanos y los grupos que ignoraron estos asuntos de interés colectivo de todo un pueblo.  De esta manera, El ingenio colectivo o la maldición de la cotorra, esboza sobre el poder que tiene la colectividad ante la propia condición social particular.  La sociedad tiene la capacidad de reinventarse para bien o, tiene la desdicha de repetir los mismos patrones erráticos de enajenación, apatía y desidia.

El ingenio colectivo o la maldición de la cotorra propicia una contradicción entre la parte visual y la parte sonora, la cual consiste de la reproducción de la grabación de una cotorra parlanchina llamada Federico. Dicha incoherencia o paradoja en la escena insta a la reflexión sobre la empatía. La cotorra saluda y canta mientras dicta la condena. Dicha maldición radica en la dejadez, en el “cotorreo” o en la charla sin sentido, en la repetición de patrones obsoletos, en el abandono y en la falta de capacidad para sentir empatía.  Un modelo basado en nuestra sociedad. Seres humanos que no ofrecen resistencia ante un gobierno que los atropella. Un pueblo callado que sólo se expresa para condenar y repudiar a los que sí se atreven a confrontar y a defender el bien colectivo.

El uso de alfileres hace referencia al vudú o a la maldición. Estos cuerpos han perdido la voluntad. En la parte central de la instalación, yacen los restos y los escombros de la enajenación y la apatía. Cientos de partes seccionadas de brazos se arrastran anteponiendo el pensamiento individual al dejarse llevar por el frenesí individualista. Reflejo de una  sociedad que se mueve por pasiones, no por reflexiones.

La pieza no es una denuncia, tampoco un despojo, sólo deseo un análisis coherente de nuestra situación colectiva, no permitamos que nos caiga la maldición del cotorreo.

La instalación final, nace de la pura experiencia, no puedo trabajar de otra manera.

Sobre la factura:

  • impresos sobre tela, rellenados y cosidos, muestran los remiendos en una factura cruda. La revelación del material como importante recurso estético, alude a los procesos de vida de cada individuo. Descomposición, construcción y transformación, como constantes en la cotidianidad de hacer, deshacer y rehacer el carácter humano.
  • Tres de los telones instalados sólo con camisas, invitan a la intervención colectiva del público en metáfora de una sociedad que aspira a una construcción híbrida e ingeniosa.

Sobre la pieza en sitio específico:

  • En un ambiente de solemnidad ocurre la escena. El uso de los telones más bien amarran la escena y la subordinan a ese estado solemne que se quiebra con la voz de la cotorra.